viernes, 16 de octubre de 2009

LUZ

La luz inundó la estancia. El aroma de las flores frescas recién cortadas penetraba cual perfume reparador del espíritu, apropiándose de los cuerpos y las mentes de cuantos en la habitación se encontraban. La música, esa música que invitaba a soñar y a sonreír, se colaba por los rincones. Tímidamente, las parejas acercaron sus manos y aprisionaron sus cómplices miradas, el resto simplemente sonreía. Todos parecían ser felices, o sencillamente lo eran. No necesitaban más, porque a veces, las cosas más simples son las que más colman el alma y el espíritu. Bailar, reír, o simplemente mirar y ser mirado, querer y sentirse querido, pueden alumbrar con luz propia los corazones de propios y extraños.

Querían rozar y ser rozados por las pieles que anhelaban deseosos. Aguantaban la respiración un instante para no desear atrapar los labios de quienes frente a ellos los invitaban a tomarlos. Cerraban sus ojos para no mirar y aferrarse a los recuerdos, disfrutando los instantes. Querían vivir…

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