sábado, 29 de agosto de 2009

SUEÑOS

La luna llena alumbraba cual farol la noche. Aquella noche en que ni los grillos se atrevían a susurrar para no romper la perfección que con tanto esmero había conseguido dibujar la madre Natura, para regalarle a los gozosos ojos de quien supiera apreciar tanta belleza.

Ella, siempre ella, se había atrevido a asomar su rostro al alfeizar de su ventana para admirar la postal dibujada con tanto celo, y soñar a ser feliz por una noche. No había nada, sólo ella y la noche; aquella fastuosa noche que alentaba su ávida imaginación. Por eso, dejándose acariciar por la insipiente brisa, mientras las gotas de sudor recorrían todo su pálido y desnudo torso, soñaba...

Ella ni siquiera se imaginaba así misma como en estos momentos era. Era otra, otra persona totalmente distinta. No tenía preocupaciones, ni temores, ni había obstáculos en su vida, era libre de alma y de espíritu. Y así, dejó que sus sueños surcaran el infinito firmamento y fue por un momento feliz.

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